Archivo de la categoría: Viejos

2 de septiembre

2 de septiembre

Son las 3.14 am. Me colgué despierta, me pasa por ponerme a ver Luna de Avellaneda… Hacía mucho que no la veía, ya casi no me acordaba cómo era, y es una película maravillosa. No quise darme el lujo de irme a dormir sin recordarla. Y ahora no quiero irme a dormir sin escribirte lo feliz que soy, y que todos los días me tomo un ratito para entender todo lo que tengo y lo suertuda que soy al tenerlo. Al tenerte a vos, que no sé dónde estuviste toda mi vida, dónde te escondías, pero supongo que tenía que encontrarte así, a esta edad, toda rota y mal fabricada, con el corazón cosido y emparchado, para dártelo, porque es un corazón vivo. Vivísimo. Y sí, tenía que ser así, aunque no creas en el destino. Yo no sé si creo en el destino, pero sí sé que encontrarte no fue casualidad. No pudo haber sido casualidad.

Asuntos fraternales.

Asuntos fraternales.

“Que la vida fuera tipo una carpeta de documentos de la computadora, y que cada persona fuera como un documento y a la que no te cabió, TUC! lo eliminas de tu vida y ya está, no te lo cruzas, no lo ves, no escuchas de esa persona, no tenes amigos en común, NO-NADA.”

Desperate times call for desperate measures.

Desperate times call for desperate measures.

“La tarta está en el horno, no te olvides” me grita. Le aseguro que no y se va. Mamá tiene miedo todavía, pero no lo dice o lo demuestra para no asustarnos a nosotras. Lo cierto es que tengo miedo de todos modos. Le pedí que comprara cigarrillos, no quiero estar en la calle… y eso que es de día. Más tarde tengo que volver al cerrajero, uno de los juegos que hizo esta mañana no funciona. Estamos entrando y saliendo por la puerta del costado, la de adelante hubo que clausurarla. Pablo hizo una suerte de traba en esa y en el portón, como para que nos sintamos más seguras… en mi no surte demasiado efecto, para ser sincera, pero hizo un trabajo genial. Mamá dice que cuando se pone a pensar en cosas así, que es medio genio. Yo creo lo mismo. A veces me dan ganas de pegarle, pero lo quiero. Y a mi hermana la hace feliz, eso es lo que me interesa en realidad.

Aquel que tiene un “por qué” para vivir se puede enfrentar a todos los “cómo”.

Aquel que tiene un “por qué” para vivir se puede enfrentar a todos los “cómo”.

El presente sólo se forma del pasado, y lo que se encuentra en el efecto estaba ya en la causa.

A mi mamá y hermana. A Dai (te merecés mención directa). A mis amigos, a los conocidos y a los que mucho no me quieren. A mis libros, aunque sean pocos. A mi familia de sangre y la del alma. A mi Dios; la Madre Tierra. A la música, a la literatura, a la lluvia, sobre todo. A Heiko, donde quiera que esté (A Misha, a Zoe). A las compañías (de cualquier tipo). A todos los que me dedicaron una sonrisa y un abrazo; una lágrima de felicidad, y un sermón. A los que me marcaron, para bien y para mal. A los que me dieron mucho, poquito y nada. A los de antes, los de siempre, y los de mañana.

Las acciones sólo serán medidas por sus consecuencias.

Por la fuerza que me dieron. Por la voluntad restituída. Por las ganas, las sonrisas sin causa, la felicidad. Por la insistencia. Por nunca haber perdido la esperanza. Por formarme en esta persona que soy, con mi paciencia, mi aceptada histeria y mi intención de ser mejor cada día. Por las lecciones aprendidas y los errores cometidos. Por crecer, mejorar, continuar. Por seguir siendo, hoy, acá, todos los días, sin dudas. Por la seguridad que no tengo pero ustedes me prestan, por mi carácter, por mis reacciones buenas y malas.

Me gustaría agradecértelo de todo corazón, pero para tí, mi queridx amigx, mi corazón no tiene fondo.

Por amarme todos los días como soy, aún cuando tienen ganas de matarme. Por aceptarme y respetarme. Por acompañarme cuando me equivoco, cuando me decepciono y cuando me siento feliz. Por los recuerdos y lo que falta por vivir. Por elegirme. Y principalmente, por compartir su vida conmigo, y dejarme compartir la mía con ustedes.

Borradores de ilusión.

Borradores de ilusión.

Quiero despertarme en tus brazos. Quiero mirarte fijo a los ojos sin sentir que me desarman de a poco las ganas de besarte. Quiero darte la mano sin poner excusas. O apoyar la cabeza en tu hombro. Quiero sentarme al lado tuyo y respirarte. Quiero ser yo, con vos, frente a todos, sin miedo.

- Fuiste la mentira más hermosa que alguien pudo imaginar. -

1, 2, 3…

1, 2, 3…

Corro hacia alguna parte y me escondo. Te veo buscarme, inquieto y ansioso. Te cambia la cara de a poco. Sonrío ante un suspiro preocupado que sale de tus labios y me guardo las risitas para mí sola. Salís a investigar la casa como si fuera un bosque impenetrable, con pasos silenciosos, lentamente y mirando a todas partes. Cuando te alejas lo suficiente, salgo de mi escondite. Al principio, adentrándome en el bosque, como vos. Luego corro. Y entonces, ante una pequeña persecusión llego antes que vos y grito ¡piedra libre!

Adelanto

Adelanto
Nadie dijo cuánto tiempo pasaría hasta que nos encontremos, así que tuvimos que esperar. Todavía me acuerdo de esa tarde, tropecé camino a saludarte justo cuando nos presentaban y conocí tu risa. No puedo mentirte, creí todo aquel día que eras uno más y hasta te insulté un poco camino a casa en el colectivo con Lisa por haberte reído de mí.
Recuerdo la tarde siguiente, porque no quería volver a la Capital habiendo estado ahí el día anterior, pero como siempre fue y será, los pedidos y mandados de la bruja son difíciles de evitar. No porque esté obligada, es sólo que ella es una madre muy persuasiva… a su modo. Así que fui. Viajé parada a lo largo de la Avenida Mitre, esquivé a doscientas personas en Plaza de Mayo y mantuve la respiración desde Catedral hasta Juramento, pero llegué. Caminando las tres cuadras que van desde la boca del subte a la oficina me pasó lo que sólo pasa en las típicas películas norteamericanas de adolescentes: me choqué en la vereda con un hombre muy apurado y todas las carpetas y legajos que llevaba en las manos cayeron al piso. Así que ahí estaba, juntando los documentos de la vereda, cuando escucho una risa y se me hizo familiar. ¿Cuáles son las probabilidades? Y de nuevo te estabas riendo de mí, pero en plena Avenida Cabildo y rodeado de mil entes apurados corriendo hacia alguna parte. Te vi, fruncí el entrecejo – no lo podía creer – y te dije “hola” con un tono agresivo. Ya no te reíste, pero la mueca se mantuvo en tu boca mientras me ayudabas a levantar todo. “Gracias, pero no te banco”, confesé. Justo en ese momento hiciste lo que nunca pensé que harías. Inclinaste la cabeza sin borrar la sonrisa de tu cara y contestaste: “De nada, sigo participando”. Está bien, admito que me resultó simpática la devolución y creo que hasta me sacó una risita cálida.

…continuará…

(quedense con la intriga)

Otro juego de artificio.

Otro juego de artificio.

No sé por qué, sólo sé que hay una razón para esto. Y no es justo, porque es tu culpa, y no importa cuanto lo niegues, yo sé que ese motivo lo conoces, porque es el que te impulsó en un primer momento. Ahora estoy acá, expectante, porque no queres decirlo o admitirlo, cual sea el motivo de tu silencio, me ahoga. Cambiaste todo con un beso y no sé como dar vuelta atrás. Este es el sentido en el que te desconozco, el único, porque después de tanto aprendí a leerte un poco. Yo no te puedo mirar igual. Tal vez ni siquiera te pueda mirar, como te pasó a vos el día que decidiste terminar (¿o empezar?) todo. Hola. Ya no sé si te conozco, te convertiste en una especie de interrogante constante y sólo me queda esperar que el tiempo pase y entierre todo esto que se me cruza hoy por la cabeza y por el corazón. Me siento traidora, por ir en contra de la relación que construimos desde siempre. Me da culpa y es injusto, mi vida, porque la culpa no es mía. Pero vos no pronuncias palabra al respecto, optas, de nuevo, por el silencio, y siento que todo el valor que intenté darte a través de los días fue en vano.

De lo que me culpo hoy, sin razón aparente, es de las acciones a realizar, y de pensar que todo lo que creo sentir surge a partir de algo que en realidad más que una imagen concreta es un holograma. Y las ganas, los celos, la ilusión de algo más es, de hecho… aire. Nada. Me culpo de antemano porque sé que nunca me lo perdonaría, que donde antes había “inocencia”, ahora hay pretenciones, que mis ojos ya no te van a ver igual. Que cada vez que te tenga al lado voy a estar impaciente por ese abrazo, ese beso y que van a desbordarme las ganas de que una noche de viernes como aquella se repita y sea interminable e ininterrumpida. Que te quedes esta noche y mañana por la tarde. Que quieras. Y que sea tan real como se siente, aunque no como lo pienso.

Viste lo que dicen, el corazón tiene razones que la razón no entiende. Creo en eso. Y creo también que hay algo, sea lo que tengo en mente o no, que  no me estás diciendo. Ojalá termine pronto esta tortura. Ojalá se le acaben rápido a mi cabeza las ganas de imaginar(me con vos). Quiero volver a sentirte mi amigo más cercano, y no mi nueva y potencial desilusión del corazón. Porque puedo soportar que vuelvan a romperlo, pero no que vengas vos a robármelo.

EDIT: Por primera vez en mi vida, terminó pasando lo que quería y todo volvió a la normalidad. Ojalá eso pasara más seguido, ojalá no perdiera tanto y tuviera mejores cartas… o supiera como jugar las que tengo. Creí que había perdido esta historia, pero por alguna razón la había subido a una vieja página de internet. Porque en el momento sentí que me desintegraba si la leía pero tenía que correr el riesgo, porque así funciona (y no la leíste). Es bueno saber que a veces las cosas sí salen bien, y la respuesta recibida es la correcta.

te juro que amaba verlo sonreír.

te juro que amaba verlo sonreír.

Saliste y te miré a través de los anteojos. Te besé la mejilla como hice el día en que te conocí, tus ojos se clavaron en mí y con sorpresa preguntaste si iba a subir. Me negué, no quería encerrarme con vos en aquel departamento por si en algún momento necesitaba escaparme de tus palabras. Preguntamos lo obvio para apaciguar la situación, para saber simplemente dónde estabamos parados. No estaba enojada sino resignada ante lo que era obvio iba a suceder, lo que ibas a decir. La noche anterior habías sido muy claro, no precisaba más explicación, pero había que hablar sobre lo ocurrido y yo realmente necesitaba ver tu rostro cuando le pusieras fin a todo.
En algún momento esbozaste una sonrisa y me calmaste; me hizo entender que a lo mejor no ibas a rendirte tan fácil, que tal vez pensabas pelear por esto. Me confesaste entonces que repensaste las cosas, que si bien tenías muchas razones para decir basta, había muchas más que te obligaban a seguir adelante y quedarte conmigo. Me contaste que lo que habías dicho la pasada noche lo habías dicho sin pensar demasiado en todo, que luego sentiste empatía y que en mi lugar habrías mandado todo al muere, pero que aún así no querías hacerlo porque no podías evitar querer estar conmigo cuando me vieras y se iba a complicar más adelante. Te dije que sería lo mismo si terminábamos, porque a mí me pasaba igual que a vos, y en adelante, siempre que nos viéramos estaríamos juntos otra vez. Que acabaríamos volviendo a empezar si decidíamos que lo mejor era cortar con lo que teníamos, y que prefería quedarme a arreglar las cosas porque, dándotelo a entender en otras palabras, no quería estar sin vos. En ese momento nos detuvimos, yo miré a la calle para disimular mis ganas de abrazarte y de un momento a otro me dijiste que no estabas cómodo hablando lo sucedido en la calle; así que cedí ante la idea de entrar.
Me contaste cómo habían sido las cosas, lo que sentiste entonces, lo que pensabas la noche anterior cuando te dije lo que sabía y lo que sentías en ese momento mientras lo discutíamos. Te dije lo mucho que me costaba creerte pero que quería hacerlo. Hablamos mucho sobre esto; no me guardé preguntas ni dudas porque sabía que luego no iba a poder descargarlas y quería dejar todo lo más claro posible.
Lo hablamos hasta el cansancio, hasta que los silencios se hicieron tan largos que nos obligaron a decir aquellas cosas que decíamos cuando convivíamos, cuando vos te ibas al cuarto y yo te seguía o viceversa. Esta vez, a diferencia de las demás, no te acompañé cuando ocupaste la cama. Aunque me resultaba incómodo, me quedé parada a un costado mirando como vos la tevé y comentando sobre lo que pasaban en el momento hasta que insinuaste que estaba bien si te acompañaba. Al fin calmé mis ansias, estar en tus brazos otra vez me hizo sentir como en casa y cerré los ojos mientras acariciabas mi hombro.
De pronto entendí que ya no necesitaba que dijeras o explicaras más nada, si tan sólo estando ahí con vos era suficiente para mí. Te incorporaste a medias en la cama y me miraste, simplemente te quedaste ahí viéndome al igual que yo, de cerca, contemplando cada uno los ojos y la boca del otro. Me besaste cada mejilla una vez y te me acercaste aún un poco más, quedándote en ese sitio para observarme unos minutos. Yo podría haberme quedado así viendo tus labios esbozar sonrisas cómplices. Podría haberme quedado ahí con vos una eternidad, sin cansarme.

Salgamos del agua, no quiero que ahoguemos el pacto establecido de antes (el fruto de lo nuestro es un maremoto de emociones).