Resulta que en una habitación habían un katinga, un orgulloso y un cagón y eran los tres amigos. El katinga dice:
- No tengo un mango, loco. Prestame pa’ la birra que yo mañana te lo devuelvo.
El orgulloso lo mira y le contesta:
- Ni en pedo flaco, conseguite un laburo.
El katinga le pone cara de que está todo bien, pero por dentro piensa que le salió mal, entonces se dirige a donde está el cagón.
- Che, loco, me quedé sin un peso… está re lindo para una birra encima, es un bajón. Vos no tenés algo de plata? Yo te juro pero te re juro que mañana te la devuelvo!
- No sé – dice el cagón -, o sea, vos siempre me pedís, yo no tengo drama en prestarte, pero fijate de devolvermela porque yo no estoy bien de guita, chabón.
El cagón saca con mucho disimulo de la mochila del orgulloso la billetera.
- Confío en que mañana me la vas a devolver.
- Obvio, por algo somos amigos! Gracias, loco!!
La plata del orgulloso nunca fue devuelta. El cagón es un hijo de puta, el orgulloso un pelotudo y el katinga un chorro de mierda.
Moraleja: no se salva NI UNO.