Archivo de la categoría: El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos.

Dije ‘siempre’.

Dije ‘siempre’.

Quién diría? Que escribir sería como chupar el veneno de la serpiente que me acaba de morder y esperar salvarme. A ver si puedo nadar hasta la superficie de la angustia y empujarla para abajo, hacerla a un lado, no ser ni un poco menos feliz que siempre.

Haré el intento. Pero sabé que me duele en lo más profundo.

Tristezas. Decepciones. Desesperanza.

Tristezas. Decepciones. Desesperanza.

Hoy me quedó la cabeza en modo seguro, como cuando encendés la pc para hacer alguna cosa rara del sistema, viste? Así todo el día, mirando para afuera en el colectivo pensaba: las paredes están todas grafiteadas, las veredas rotas por todos lados, los cordones sucios porque la gente piensa que el mundo es un gran tacho de basura (y no pasa un día en el que no vea a alguien tirando algo por la ventana), las calles están llenas de pozos, en todos lados, en general. La gente sale a la mañana con cara de rutina, con incercia en los ojos, con bronca en la comisura de los labios y no debería ser así. Nadie disfruta nada y todos se la agarran con todos. Eligen dónde trabajar por plata, y dejan de buscar lo que quieren cuando el colchón de billetes ya les sostiene el culo. Después sólo les queda mirar con el ceño fruncido arriba de los colectivos a la mujer con los hijos pequeños o la señora con las bolsas que tienen prioridad para el asiento. O algún señor con bastón. Y lo peor de todo es que nadie tiene pudor, conciencia ni ganas de que las cosas sean de otra forma. Todos están refugiados en un “y bueno, es así…” porque están CÓMODOS ahí, porque el cambio significa ESFUERZO y CONCIENCIA, significa PENSAR un poco más allá de lo que hoy vivimos. Y pienso lo mismo no sólo respecto a lo laboral, sino a los hábitos alimenticios, a la política, a los vicios y a los medios. Pero eso es para desarrollar otro día, con más tiempo, supongo…

La gente piensa que el humano es el ser superior, el más evolucionado, el que tiene más derechos; no podrían mentirse más a sí mismos aún si pudieran, porque el humano no tiene ni derecho de piso en el planeta, porque las especies y la evolución venían bárbaro en equilibrio, abundancia, armonía. Somos el peor error de la madre naturaleza: cuando decidió darle la razón al mono. Así estamos ahora, sin aire limpio, quedándonos sin agua, matando a las especies que nos dieron TODO lo que tenemos, sin cuidarlas, sin sanarlas, sin tener el MÍNIMO respeto por TODO lo que nos rodea y TODO lo que nos hizo SOBREVIVIR tantos años. No hay respeto ni conciencia ambiental. Eso es lo que más me entristece de todo, y lo que más me avergüenza de ser humana.

Lo agridulce.

Lo agridulce.

Tengo mucho que pienso y siento, pero callo. Cosas que a veces me abruma no poder decir y me lloran sin que lo veas porque me convenzo de que es mejor que así sea. Siento muy fuerte y me sobrepasa, y sé que no temo más de lo que siento, pero sí de lo que pueden mi voluntad y mi experiencia.
Si alguna de estas noches no pudiera esconder mis lágrimas, te pido me dejes desahogarlas en tu hombro y en silencio, que prometo hablar cuando junte coraje para mirarte a los ojos y decirlo.

P.

P.

Ayer te escuché hablar de ella de nuevo. Pasó mucho tiempo desde la última vez que la mencionaste. Hablaste de ella como si simplemente faltara ese día, con angustia escondida, como queriendo pretender que nunca se fue. Yo te amé anoche un poco más por ser dueña de esa cantidad de fuerza.

No preguntes nada.

No preguntes nada.

Y si me estoy equivocando? No, no lo voy a saber, y cuando lo sepa, mirá si es tarde. Pero no lo sé, y me aterra.
Hay gente que mira para atrás constantemente. Gente que mira para el costado y señala. Y hay gente que mira para adentro, y a partir de ahí crece. Todos los días intento mirar para adentro, no para el costado, mucho menos para atrás. Me intento ver a mí al espejo y conocerme un poco más, y tomar mejores y más seguras decisiones, pero mientras más segura quiero estar, más miedo tengo. Más me aterro, más lo pienso, más me duele en el pecho el nervio de sobreanalizar. Y sumale angustia e impotencia a las ganas que retengo de escribirte.
Decime qué pasa si me estoy equivocando.

Algunas fichas caen tarde.

Algunas fichas caen tarde.

Nadie te dice qué es lo mejor, o qué es lo que está bien, o es correcto. Nadie te puede decir en verdad qué te va a hacer seguir, porque eso únicamente lo sabes vos, adentro, sólo que hay días en los que simplemente no querés buscar una manera, sino sentarte y estar triste. Y está bien, siempre y cuando sepas que no podés detenerte por alguien que no vale la pena, que no te valora, que te hiere porque quiere y sabe que puede. Entonces sí, sufrilo un poco si lo necesitás, porque mantenerse positivo es muy difícil y cansador, pero seguí, porque nadie sabe cómo vas a encontrar el camino nuevo mejor que tu voluntad y tus ganas de seguir. Levantate, secate los ojos, y seguí caminando, carajo. No hay mal que por bien no venga.

Carta a tu entendimiento.

Carta a tu entendimiento.

Hola. Sentí ganas de escribirte hoy, esas ganas que antes me surgían más seguido por las noches, cuando los estupefacientes me quitaban todos los límites. Y acá estoy, una vez más, pensando, como si no lo hiciera todo el tiempo.

Todavía creo en vos aunque no lo parezca, sólo que no siento la necesidad de demostrarlo, a vos ni a nadie, y ya no está esa emoción de lo nuevo, lo intrigante. Ya no es todo color de rosa, y sabés qué? Está bien. Está perfecto! Porque ahora se ve todo con más claridad, como somos, como actuamos y cuánto nos importa. El verdadero problema es que mientras veía como dejábamos todo lentamente en nada, sin siquiera percatarnos de decir adiós, decidiste escalar y volver a donde estábamos. Dejaste de ser vos. Yo te empujé al vacío y vos aprendiste a volar. Y acá estás de nuevo, sólo que en la superficie ahora hay alguien más, porque mientras yo caía con vos alguien me sostuvo la mano y me levantó con una sonrisa y un poema. Y se siente seguro, porque es simple y es concreto. No hay complicaciones. Quisiera que me dejaras seguir sosteniendo esa mano cálida, mirando esa sonrisa perfecta, escuchando esa palabra indicada. Pero me robaste de mí la capacidad de cancelarte, y eso no te lo perdono.

 

[Justo sería que hubieras querido arreglar las cosas antes, o que yo hubiera tenido el coraje de decirte que ya es tarde, que dejé de esperarte, que seguí con mi vida. Que alguien más me dice te extraño, y que el tiempo que te tomó jugarte por mí fue demasiado. Pero lo justo nunca vino de la mano conmigo, y aún así siempre conseguí resolver mis problemas y enfrentar las cosas. Así que acá estoy, enfrentándote: Ya no quiero jugar(te) al gato y al ratón. No voy a correr más, hasta acá llegamos con tus ganas de enredarme entre sábanas, y mi manía de dejarme conquistar por tus deslices. Te regalo mis ilusiones y mis ganas de perecer con el pecho agitado en tus brazos, todo terminó. Mis creencias se disiparon en el último beso.]

Descreída.

Descreída.

No le gusta explicarse, las cosas tienden a enredarse mucho cuando uno intenta aclararlas. Pero lo hace porque es necesario, le urge cuando le golpea en el pecho el corazón y le retumban los oídos. Y teme, teme a la reacción y a la respuesta como toda la vida ha sido. Le genera pavor la miserable idea de que la rutina no cambie, y ella simplemente permanezca ahí, encerrada, atrapada entre la credibilidad absoluta (seguida de lo inevitable) y el recelo eterno.

Está ahí hace años. A veces tira para un lado, como si eso la ayudase a conservar la cordura, pero sigue confinándose. Varios han intentado socorrer esos ojos negros de mirada lúgubre y corrompida de la desesperanza, y todos terminaron en desdicha. Ella misma hizo lo que estaba a su alcance para recuperar, ínfima, la reminiscencia de su sonrisa, esbozada a causa de una palabra o un gesto. Pero una mirada cálida sobre sí le era imagen gélida. Una mano tibia, un puñado de caricias sobre su espalda o su níveo rostro concebía en su vientre mil garras oseznas. Cada beso le sabía a ficción sofocante, y se volvió tan persistente en el pecho el golpe del corazón, tan habitual, que dejó de sentir su suplicio al igual que todo lo demás.

Basta.

Basta.

I need her, every day of my stupid life, and you took her away from me. And by you I mean ME, I’ve got no freaking idea de cómo llegamos a esto, lo único que sé es que en momentos como este la necesito conmigo, acá, Y NO ESTÁ.

NO ESTÁS, Y ME DUELE. ME DUELE DEMASIADO.

Ángel del pasado.

Ángel del pasado.

No puedo decir que ya empecé a extrañarte, sería mentira (te extraño todo el tiempo). Sólo me queda escribir que hoy me hiciste más falta que otros días. No sé dónde estás. No sé si estás bien, o si estás llorando. Si te acordás de mí. Espero que sólo estén pasándote cosas buenas y tengas toda esa gente que te ama alrededor, nada más.

Por acá las cosas mejoraron drásticamente, están saliendo bien. Te acordás a principio de año la promesa que te hice? Que iba a hacer lo imposible por lograr las cosas que quería? Bueno, no sé si hice hasta lo imposible, pero acá estoy, sólo me faltas vos para que el cuadro esté completo. Tengo todos esos pequeños detalles dichos y por decir que sólo quiero contártelos a vos, que los cuento parcialmente al resto porque necesito compartirlos, pero realmente sé que cobran sentido si te los cuento y me das esa sonrisa de cuando las cosas me salen bien (ésa que me llenaba tanto).

Si no te escribí directamente todavía es porque sigo creyendo que no puede salir nada bueno de eso. Hoy te necesito muchísimo, porque me siento feliz y no puedo compartirlo con vos, pero prefiero que las cosas sigan así a arriesgarme de nuevo a lastimarte o hacerte pasar por un mal momento.  No voy a ponerme a recordar, porque es patearme el corazón una y mil veces, porque elegiste (o elegimos?) que esto siga así. Realmente creo que no va a haber nadie que alguna vez pueda significar la mitad de lo que vos sos y vas a ser siempre para mí, por el tiempo, por los días, por las cosas compartidas y por cómo nos conocemos, así, demasiado, sin límites. Y lo que más me hace falta es la crudeza de nuestra relación; porque la manera en la que puedo (podía) decirte a vos las cosas era MI manera de decirlas, y ya no la tengo porque con nadie voy a llegar a ese nivel de confianza jamás.

Te amo, de miles de maneras y colores, sin límites, sin obstáculos, aunque ya no estés. Aunque me hagas falta. Aunque no sepa si me borraste de tu memoria o sigo estando presente. Porque fuiste toda la vida, sos y vas a ser hasta el día que me muera, mi hermana.

Tan pequeña ante los cambios.

Tan pequeña ante los cambios.

Cualquiera que me conoce lo suficiente sabe que los cambios no me gustan, porque las cosas nuevas por lo general me aterran. Hay mucho a lo que acostumbré mi corazón, y ahí se quedó, porque está cómodo y se siente bien; pero el alrededor está cambiando y dejó de sentirse como en casa. Uno nunca sabe cuando va a ser el último día, pero nosotros sí supimos, y también lo sabemos. Hoy fue uno, por más que ahora no se sienta de esa manera, y algo se quebró. Es un ritual menos, y me desacomoda un poquito el corazón. Y los demás últimos días que conocemos ahora están por llegar, y al acercarse me sacan un poco más de espacio, hasta que ya no sea cómodo y ya no me sienta como en casa. Quizá en un punto de vista global los pequeños cambios no hacen una diferencia muy grande, pero cuando tu esquema general se compone sólo de gente que amás, un pequeño adiós te puede mover el mundo. Y saber cuándo va a llegar es desgarrador.

Lo que resta es inenarrablemente insignificante.

Me estás partiendo al medio, princesa.

Me estás partiendo al medio, princesa.

Se siente desde acá el quiebre en tu persona, tu tristeza se corta con tijeras, no lo aguanto. Es difícil hablarte ahora. No dejo de hacerlo porque me interesa distraerte al menos, pero me cuesta el doble. Me cuesta recordarte bien, y tengo que admitir que me da muchísimo miedo que no te recuperes de esto, o lo que te digan el mes que viene en el consultorio. Acordarme de tus lágrimas no me da ganas de llorar, simplemente me provoca hacerlo, inconscientemente. Ojalá fuera más fácil para vos. Ojalá pudiera darte toda la voluntad que perdiste, pero no puedo, así que opto por usar la que a mi me quedó después de todo y ser mejor para vos. Construí en veinte minutos la paciencia que no te tuve en veinte años, de la misma forma que tu fuerza desapareció en cuestión de segundos. Todo el mismo día. Quiero hacer todo lo que vos siempre me dijiste que hiciera y nunca te escuché, te quiero acompañar, te quiero ver reír como te vi hoy, aunque estos primeros días sean de risas superficiales, quiero hacerte reír. Quiero llevarte yo a pasear, una vez, para variar. Quisiera poder llenar tu vacío al menos un poco, o robarte el dolor, o secarte de lágrimas. O llevarte a un tiempo mejor.

Es exactamente como te lo dije, si vos estás mal yo estoy peor. Y te juro, no soporto verte así. Desearía poder regalarte toda mi voluntad.

Otra vez

Otra vez

No paso de esto, hasta acá llego. No me sale seguir, porque llegué a ese punto donde es mucho más llevadero sufrir por él que siquiera atreverme a pensar en vos, o intentar comprenderte. Es como si toda esa persona en la que creía la haya inventado a partir de pequeñas cosas que me diste en el día a día, con el paso del tiempo. Todo muy de a poco, con detalles. No sé grandes cosas sobre vos… y esto es inmenso. Perder mi fé en vos es perder toda mi fé, si algún día lo entendés, espero puedas vivir con ese peso sobre la espalda.

Sí, estoy de acuerdo, no debería sufrir sola, deberías saberlo, decírtelo… pero prefiero ahorrarme el tiempo y el esfuerzo para alguien que sí me enfrente. Solía pensar que vos eras el único hombre sobre la faz de la Tierra por el que nunca lloraría, realmente pensaba que nunca jamás podrías lastimarme. No vos, pero así es, y ya te imaginarás que la sorpresa que te llevás con esto es la misma que me llevo yo. No puedo decir adiós. No voy a decirte hasta luego, hasta siempre o nunca más, porque despedirme de vos es distópico. Acá está lo que en realidad me molesta: deberías pensar tus pasos antes de darlos. Deberías haber pensado en mí antes de dejarme llegar hasta acá.

I carry your heart with me
(I carry it in my heart)
I am never without it
(anywhere I go you go,my dear; and whatever is done by only me is your doing, my darling)
I fear no fate
(for you are my fate, my sweet)
I want no world
(for beautiful you are my world, my true)
and it’s you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you
Here is the deepest secret nobody knows.
(Here is the root of the root,
and the bud of the bud,
and the sky of the sky of a tree called life;
which grows higher than soul can hope or mind can hide)
And this is the wonder that’s keeping the stars apart.

I carry your heart
(I carry it in my heart)
[E.E. Cummings]

1, 12, 365, 8760…

1, 12, 365, 8760…

No tengo más nada sin vos. Y aunque estoy intentándolo todo para seguir, para sonreír, hoy estoy triste y lo voy a estar hasta que ya no sea hoy, voy a esperar morirme un rato para volverte a ver y renacer mañana. Te amo demasiado, tanto como me duele extrañarte.

No me vas a convencer de lo que decís sobre él.

No me vas a convencer de lo que decís sobre él.

Tengo demasiadas ganas de abrazarte y no lo soporto. No podría mirar directo a tus ojos, lo más probable es que me desintegre, porque no sé qué pasó y no entiendo por qué elegiste esto para los dos. Haría cualquier cosa con tal de enojarme, aunque no me sentí nunca así, sino dolida. Daría lo que sea por sentir tu abrazo otra vez.