Todo lo que hago, elijo hacerlo. Lo hago todo con gusto, soy parte de cosas que generan y contagian el bien y el desinterés, que sólo quieren provocar ansias de progreso. Soy parte de cosas que tienen futuro porque se las labura con ganas, esfuerzo, voluntad y más que cualquier otra cosa: CONVICCIÓN. Convicción de que se puede si se plantea. De que cualquier cosa es posible, de que no existen obstáculos, “no hay techo más del que se crea cuando dejás de empujar hacia arriba” (para parafrasear a una mujer muy sabia). Tengo al lado gente que no sólo comprende este estilo de vida (a mi concepción; mal llamado manera de pensar) sino que lo comparte y disfruta sin siquiera analizarlo! Sin siquiera detenerse, cada tanto, como para saborearlo un poco más, a afirmar que son felices y que lo que realmente importa es otra cosa. Es ALGO MÁS.
Archivos Mensuales: diciembre 2011
Volar, el sueño de los hombres y los pájaros enfermos.
“Hay personas tan delgadas”- escribía- “que a veces las arrastra el viento”. Pensé que se trataba de un delirio de ella pero al llegar, efectivamente, a Sri Lanka pude ver como las personas delgadas volaban y se trasportaban de esa manera, llevadas por el viento. Sino había viento solo daban grandes saltos, ya que su ligereza les permitía mantenerse un largo tiempo en el aire. Uno puede darse cuenta quien es extranjero y quien no, en esta ciudad con solo mirar el cielo. Yo me sentía muy extraño, no podía volar ni saltar lejos. El encargado del hotel me contó (sostenido por su cinturón al mostrador) que todas las personas de la ciudad eran livianas por que su dieta se basaba en “Kalac”, una especie de cereal que quema las grasas del cuerpo y disminuye el exceso de agua. Sri Lanka era un lugar como todos los demás del mundo, con casas, edificios, calles, autos, mujeres, hombres, niños, pobres, ricos. La única diferencia era que todos eran tan delgados que volaban o flotaban. Y además lo utilizaban para ahorrar dinero en transporte. Por eso las empresas de transporte allí no tiene mucho éxito, sino fueran por los turistas quebrarían.
Tenia que encontrar a Olivia a las cuatro en la plaza Arular. Así lo había dicho ella en su carta.
Estuve allí, eran las tres cincuenta y cinco cuando Olivia llego desde el cielo, su cabello flameaba y ella sostenía su vestido para que no se volara, su cuerpo delgado paresia estremecerse con la delicada brisa. Bajo ante mí con una tímida sonrisa, ató el lazo de su vestido al banco en el que estaba sentado y me dijo, graciosamente “¡Viste! que no mentía”.
6.
Me gusta esta costumbre de los días seis, que nos haya caído ése día para ser nuestro. Me gustan nuestros planes, saber que compartimos cosas, que nos contamos todo, que no hay secretos. Me gusta que me cuides, aún de esa manera silenciosa tan particularmente tuya. Me encanta cómo me haces sentir cada vez que te miro a los ojos. Tu lado infantil cuando se junta con el mío y hacen desastre. Tu sonrisa al verme deja caer mis inseguridades, las asesina por completo. Esa ansiedad cuando te espero, donde sea. Amo llegar a vos, siempre. Y espero seguir haciéndolo, de la mejor manera que me salga.
120 días junto a vos.
2 de septiembre
Son las 3.14 am. Me colgué despierta, me pasa por ponerme a ver Luna de Avellaneda… Hacía mucho que no la veía, ya casi no me acordaba cómo era, y es una película maravillosa. No quise darme el lujo de irme a dormir sin recordarla. Y ahora no quiero irme a dormir sin escribirte lo feliz que soy, y que todos los días me tomo un ratito para entender todo lo que tengo y lo suertuda que soy al tenerlo. Al tenerte a vos, que no sé dónde estuviste toda mi vida, dónde te escondías, pero supongo que tenía que encontrarte así, a esta edad, toda rota y mal fabricada, con el corazón cosido y emparchado, para dártelo, porque es un corazón vivo. Vivísimo. Y sí, tenía que ser así, aunque no creas en el destino. Yo no sé si creo en el destino, pero sí sé que encontrarte no fue casualidad. No pudo haber sido casualidad.
Cosas que quizá no sepas.
Que sos una de las cosas más lindas que me pasó en la vida. Que agradezco al dios que corresponda haberme puesto en tu camino. Que sos más de lo que pensás y siento más de lo que digo. Que me muerdo los labios cuando estoy al borde de un ataque de expresión. Que me haces sonreír como nadie jamás lo pudo hacer.
Que aún cuando estoy molesta por estupideces, soy más feliz porque estoy con vos.