- Bueno, dime una cosa Matilda – dijo la señorita Honey, que seguía limpiando las gafas-. Procura decirme exactamente lo que sucede dentro de tu cabeza cuando tienes que efectuar una multiplicación como esa. Evidentemente, tienes que calcularla de alguna forma, pero parece que sabes la respuesta casi al instante. Fijate lo que acabas de decir, catorce multiplicado por diecinueve.
- Yo… yo, simplemente, apunto catorce en mi cabeza y lo multiplico por diecinueve – dijo Matilda-. No sé cómo explicarlo de otra forma. Siempre he dicho que si lo hacía una pequeña calculadora de bolsillo, por qué no iba a poder hacerlo yo.
- Claro, claro – asintió la señorita Honey -. El cerebro humano es una cosa asombrosa.
